Acabo de leer “El fin de la ciencia” escrito por Manuel Lozano Leyva y he sentido lo mismo que siento al leer a Galileo o a Einstein, igual que ellos, Leyva rumia lo que se conoce y extrae un jugo de conocimiento limpio y libre de impurezas, separando el humo producido por los “vendedores de humo” de la niebla natural que rodea el limitado saber del ser humano.
Leyva, también, me ha recordado a Bertrand Russell, que como él, valora y referencia conquistas del saber. En general se le puede aplicar el calificativo “humano, demasiado humano” término que aplicaba Zaratustra, personaje de Nietzsche.
Libro de interés, para los que nos gusta la ciencia.
Me ha impresionado la frase “para reformar los cementerios no se cuenta con los de dentro”, frase que desconocía, muy contundente y muy aplicable a varios colectivos vinculados a la ciencia, incluidos la enseñanza y la investigación. Con Galileo y Darwin ya se auto-excluyeron los colectivos religiosos, que a día de hoy, todavía no se han adaptado a la existencia del universo o asumido que el mundo existe desde hace mucho más de 5.000 años.